Este verano San Juan de Dios ha comenzado un nuevo Programa de Atención Humanitaria para ofrecer una acogida de emergencia a personas inmigrantes en situación de vulnerabilidad, con la apertura de dos nuevos dispositivos que ya han acogido a 270 personas, mayores de edad y procedentes principalmente de Senegal y Mali.
El primero en abrir en julio fue el centro de Atención Humanitaria ubicado en Villarrodrigo de las Regueras (Villaquilambre, León) con 180 plazas; y el segundo fue el centro de Atención Humanitaria en la ciudad de Palencia, con 90 plazas. Además, el 1 de octubre está previsto que la Orden abra un nuevo centro en Sevilla en el marco de este programa con capacidad para 40 personas.
Tal y como explica el Hno. Juan José Ávila, presidente de la Asociación San Juan de Dios: “Ante la llamada que recibimos para ayudar a personas muy vulnerables que necesitaban un lugar en el que residir y, especialmente, profesionales que les ofrecieran un nuevo estilo de vida, no sólo para cubrir sus necesidades básicas si no también enseñarles nuestro idioma, ayudarles psicológicamente, prepararlos para el empleo, etc. nuestra respuesta, como siempre, fue analizar nuestras posibilidades y ponernos a disposición de quien solicitaba esa ayuda. Como Orden Hospitalaria de San Juan de Dios –recalca– nuestra misión es estar al lado de la persona vulnerable y estas, sin duda alguna, lo son. Lo que nos importa es la persona y sus necesidades, sin distinción”.

Las 270 personas inmigrantes que actualmente acoge este Programa de Atención Humanitaria llegaron a España tras una peligrosa travesía y empujados por la imposibilidad de seguir viviendo en sus países ante los riesgos que afrontaban en su día a día. Salim Diawara, maliense acogido en Villarrodrigo de las Regueras, habla cuatro idiomas y trabajaba como profesor de francés en Bafarara, donde vivía con su mujer, su hermano y sus dos hijas. Sin embargo, la amenaza terrorista constante le llevó a poner tierra de por medio: “Sólo quieren que se estudie árabe en las escuelas”.
Por su parte, Aboubakar Gary cuenta que tuvo que huir porque su familia sufrió persecución política por la guerra de la República Centroafricana y a él llegaron a amputarle varios de los dedos de la mano. Actualmente sueña con formarse para poder dedicarse al mundo del motor como mecánico de coches.
Entender la realidad de estas personas, afirma el Hno. Juan José Ávila, es crucial, ya que “como su nombre indica, atención humanitaria es estar al lado, dar la mano, enseñar, compartir, discernir, ayudar, aprender, empatizar. Esto es lo que intentamos realizar desde San Juan de Dios, con nuestro estilo. Nos ponemos en el lugar del otro, somos solidarios y, sobre todo, intentamos hacer nuestro trabajo con mucha hospitalidad. Sólo siendo hospitalarios podemos entender un poquito mejor la realidad personal de quien en sus ojos percibimos que nos solicita ayuda”.

Hospitalidad desde la experiencia
La Orden desarrolla desde 2017 el Programa de Protección Internacional para personas beneficiarias y solicitantes de asilo y “desde la experiencia de todo este tiempo sentimos que sigue siendo una obligación atender con profesionalidad a personas migrantes –continúa el Hno. Juan José Ávila–. Cuando uno acude a estos centros y ve sus caras, sus ojos, sus expresiones, sus necesidades, su recorrido… siente que San Juan de Dios debe estar presente en estas realidades, con estas personas, con estas familias, con estos niños”.
Además, cuenta que los profesionales de la institución que acogen y acompañan en su proceso a estas personas refugiadas sienten que han puesto su granito de arena para que entre todos construyamos un país más solidario, cuando ven a estas personas que obtienen un trabajo, habiendo aprendido un idioma y luchando por integrarse en nuestra sociedad.
El nuevo Programa de Atención Humanitaria, para el que se ha contratado personal nuevo, es una iniciativa impulsada y financiada desde el Ministerio de Inclusión, Seguridad social y Migraciones.



