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Expertos debaten sobre cómo la IA transformará la sanidad en la sexta edición de R-Conecta organizada por San Juan de Dios en Madrid

La inteligencia artificial, el envejecimiento de la población y la creciente complejidad de las necesidades de salud están ya obligando a transformar la formación y el ejercicio de los profesionales sanitarios, una transformación que será más evidente durante la próxima década y para la que deben prepararse ya las nuevas generaciones.

Esta ha sido una de las principales conclusiones de la jornada “Horizonte 2035. Competencias que marcarán el futuro de las nuevas generaciones de profesionales sanitarios”, celebrada en el marco de R-Conecta y que ha reunido a profesionales, representantes institucionales, expertos en innovación y asociaciones de pacientes.

Durante el encuentro, cuya clausura ha corrido a cargo de la directora general de Investigación y Docencia de la Comunidad de Madrid, Inmaculada Ibáñez de Cáceres, los participantes han coincidido en que la incorporación de nuevas tecnologías no reducirá la importancia del factor humano, sino que hará aún más necesarias competencias como el pensamiento crítico, la capacidad de adaptación, el trabajo interdisciplinar, la comunicación y la toma de decisiones éticas.

El riesgo de automatizar el error

Para Julio Mayol Martínez, director científico del Instituto de Investigación Sanitaria San Carlos (IdISSC), el principal cambio que debería acometer el sistema sanitario desde hoy es el de “empezar a medir y gestionar por el valor que aportamos a las personas”. Según ha explicado, la sanidad debe dejar de centrarse únicamente en indicadores de actividad para evaluar “cuánto mejoramos realmente la vida de los pacientes y a qué coste”.

Además, ha advertido de que la expectativa más exagerada sobre la inteligencia artificial es pensar que resolverá por sí sola los problemas del sistema. “Automatizar un proceso mal diseñado puede multiplicar su ineficencia”, ha subrayado y es que, en su opinión, el verdadero potencial radica en ayudar a “anticipar consecuencias, simular decisiones antes de aplicarlas y evaluar resultados con datos fiables y supervisión humana”.

Por su parte, Carina Escobar Manero, presidenta de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP), ha defendido que la transformación de la sanidad solo será efectiva si incorpora la experiencia y la participación de los pacientes en la toma de decisiones. Además, ha hecho hincapié en “la necesidad de avanzar hacia modelos asistenciales más personalizados, coordinados y orientados a los resultados que realmente importan a las personas, reforzando la corresponsabilidad y la escucha activa dentro del sistema sanitario”.

Por su parte, la gerente de Cuidados de la Comunidad de Madrid, Elena Fernández Cano, ha analizado los desafíos asociados al envejecimiento de la población y la creciente necesidad de desarrollar modelos de atención que promuevan la autonomía, la coordinación de cuidados y la continuidad asistencial aprovechando la oportunidad que se presenta con el uso como herramienta de las nuevas tecnologías. “Innovar no es solo incorporar tecnología. Innovar es introducir cambios que aportan valor y mejoran la atención. Hacer las cosas de manera diferente para obtener resultados distintos. A veces, las innovaciones más importantes son tan sencillas como retomar el tiempo para pensar, analizar, planificar, escuchar mejor, coordinarnos de manera diferente. Creo que la gran innovación de los próximos años será avanzar hacia una atención cada vez más humana, más cercana y más centrada en las personas, que dé respuesta a las necesidades de la población, pero también que dé respuesta a lo que los profesionales necesitan para hacer su trabajo”, ha añadido.

No se trata de competir con la IA

El encuentro ha contado también con los representantes de los Colegios de Medicina, Farmacia, Enfermería y Fisioterapia de Madrid, que han aportado su visión sobre cómo las nuevas generaciones de profesionales sanitarios deben prepararse ante este escenario cambiante.

Para el presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid, Manuel Martínez del Peral, el reto no consiste en competir con la inteligencia artificial, sino en aprender a trabajar con ella. En su intervención ha señalado que el elemento diferencial seguirá siendo la capacidad de interpretar la información, generar confianza y comprender las necesidades de cada persona, especialmente en una sociedad cada vez más envejecida y con mayores riesgos de soledad.

En esta línea, el presidente del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid, Manuel Martínez-Sellés, ha puesto el acento en la necesidad de preservar la dimensión humana de la medicina. Aunque ha reconocido la importancia de dominar las nuevas tecnologías, ha advertido de que la comunicación, la empatía y los principios éticos seguirán siendo elementos esenciales en el ejercicio profesional, incluso en un escenario de creciente automatización.

Por su parte, Daniel Baldó Vela, director de Innovación del Colegio Oficial de Enfermería de Madrid, se ha referido a la necesidad de formar a las nuevas generaciones tanto en competencias digitales como en el uso ético de la inteligencia artificial. A su juicio, los futuros profesionales deberán aprender no solo a utilizar estas herramientas, sino también a comprender cómo funcionan para integrarlas de manera segura y responsable en la práctica asistencial.

En suma, ha señalado el vicepresidente decano del Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid, Pablo Herrera Jiménez, “la tecnología debería liberarnos de tareas que aportan poco valor para permitirnos dedicar más tiempo a aquello que aporta muchísimo: pensar, decidir, acompañar y cuidar. Por eso, quizá la competencia más importante que deberíamos enseñar hoy sea aprender a aprender. Porque la tecnología que utilizará un estudiante que comienza ahora su carrera probablemente todavía no existe”.

Un paciente detrás de cada diagnóstico

La jornada ha contado también con el testimonio de dos personas con ELA, Mar y Miguel, y representantes de la asociación AdELA, quienes han compartido cómo los avances tecnológicos, los modelos de atención y la coordinación de los cuidados tienen un impacto directo en la calidad de vida de los pacientes y sus familias. Para ellos, el futuro depende en gran medida de la investigación y la innovación tecnológica, pero sin perder nunca de vista a la persona que hay detrás de cada diagnóstico y ahí los profesionales marcan la diferencia.

Capacidad de adaptación

Durante el encuentro, los representantes de San Juan de Dios han coincidido en esa necesaria adaptación al cambio y entendimiento entre el componente humano y la innovación tecnológica.

Para Josep Pifarré, director general de San Juan de Dios España, «el futuro de la sanidad no dependerá únicamente de la tecnología disponible, sino de la capacidad de las organizaciones y de los profesionales para ponerla al servicio de las personas, reforzando la calidad de los cuidados, la equidad y la humanización de la atención».

Por su parte, para Elena Urdaneta, directora de la Unidad Territorial III de San Juan de Dios España, «pensar en la sanidad de 2035 implica preparar a profesionales capaces de integrar innovación y humanidad, poniendo siempre a la persona en el centro de cualquier transformación».

Asimismo, ha defendido la necesidad de anticiparse a los cambios para responder a una realidad social y sanitaria cada vez más compleja y ha enfatizado que la formación ya no puede entenderse como una etapa limitada a los primeros años de ejercicio profesional, sino como “un proceso continuo que debe acompañar a los profesionales durante toda su trayectoria para adaptarse a los avances científicos, tecnológicos y a las nuevas necesidades de los pacientes”.