Termina agosto, y con él, un verano lleno de Experiencias Hospitalarias en las que más de 70 jóvenes han participado en las iniciativas de Jóvenes Hospitalarios, la colaboración entre la Pastoral Juvenil Vocacional de San Juan de Dios y de las Hermanas Hospitalarias.
Iñaki, de Azuqueca de Henares (Guadalajara), ha pasado una semana en la Ciudad de San Juan de Dios (Alcalá de Guadaira, Sevilla), conviviendo con las personas con discapacidad y trabajadores del centro. Confiesa: “antes de venir me daba respeto trabajar con estas personas, pero en cuanto llegamos, nos abrieron el corazón ellos a nosotros. Y todo ese miedo desapareció”.
Al compartir el día a día con los residentes, le marcó que muchos “a pesar de todos sus problemas, e incluso no hablar, siempre van corriendo a saludarte y abrazarte”. Kattya, de 19 años, añade: “las personas no son discapacitadas: tienen una discapacidad, y son capaces de muchas cosas. Ellos también quieren hacer el bien y aportar, hasta con una sola sonrisa te pueden curar muchas cosas ellos a ti”. Pero sin duda, reconocen como clave la Hospitalidad que respiraban los trabajadores: “Me ha impresionado su entrega total, su cercanía y cómo viven su vocación con alegría. No solo cuidan, sino que lo hacen con amor, respeto y mucha humanidad”, se fija Iñaki.


Un nutrido grupo de más de 40 jóvenes se embarcaron al Jubileo de Jóvenes en Roma con el Papa de una manera original: siguiendo una Ruta Hospitalaria por distintos centros de Europa. Fueron acogidos en Madrid (sinhogarismo), Sant Boi (salud mental), Marsella (discapacidad), Albese-Milán (mayores). Claudia, de 26 años, vino animada por sus compañeros de parroquia en Leganés. “Siendo sincera, apenas conocía a la Orden Hospitalaria poco antes del Jubileo. Su carisma ha transformado por completo mi forma de ver las cosas y de entender el amor de Dios”.
La Hospitalidad ha marcado su experiencia de fe en este encuentro de toda la Iglesia Universal: “si te pones en el centro a ti mismo, tus propias fuerzas, tus intereses y voluntad, entregarte se hace un castigo. Pero si pones a Cristo en el núcleo de esa dinámica de dar y recibir, dar la vida es liberador. Siento que de veras esta experiencia me ha transformado el corazón”.

Otro grupo de cinco jóvenes dieron un salto internacional hasta Quito (Ecuador), en colaboración con la organización de cooperación internacional para el desarrollo de San Juan de Dios España, Juan Ciudad ONGD. ¿Por qué tan lejos? Montse, de Castellón y 23 años, lo tiene claro: “es en el encuentro con el otro, en el descubrimiento de otras realidades, donde se ensancha la mirada. Poniéndote siempre al servicio de los demás”. Y es que en el Albergue de San Juan de Dios de Quito no falta la actividad en cualquier ámbito. También Diego, que comienza este curso como Postulante con los hermanos, destaca el intercambio con voluntarios de otros países. Colaborar y hacerse todos uno: “como uno más. Siempre con una sonrisa”.
El verano lo cierra la experiencia de Málaga, en el centro de las Hermanas Hospitalarias. En este caso, Marina (18 años) repite por segundo año consecutivo: “El año pasado me fui feliz. Cuando terminé, dije: ‘No puedo dejarlo aquí, tengo que volver’. Y este año, al reencontrarme con los residentes, sentí que estaba en casa. Te reciben con tanto cariño, se acuerdan de ti…”.
Más allá del voluntariado, es una experiencia espiritual para los jóvenes: “es también la oración en grupo, los momentos de reflexión al final del día. Te ayuda a ver que Dios está en todas partes, especialmente en esas personas a las que sirves. Te cambia la forma de mirar la vida”. Y termina sentenciando: “Estos dos veranos han sido lo mejor que me ha pasado. A cualquiera que tenga dudas, le diría que lo pruebe”.



